LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LAS PERSONAS… ¿O ES AL REVÉS?

Elena Wagner - Marketing & ATC

Elena Wagner – Marketing & ATC

Nuestros patrones de conducta han experimentado una verdadera metamorfosis  con la aparición de los primeros Smartphones (teléfonos inteligentes) y con la evolución de la tecnología en general. Nos encontramos haciendo cosas que en el pasado hubiéramos adivinado imposibles: ¿Cuántos de ustedes cogen su móvil al despertarse,  incluso antes de ingerir el primer café del día en busca de nuevas notificaciones? ¿Quién  no se ha parado alguna vez en medio de un atasco para sacarle una foto a la iluminación navideña para compartirla con sus amigos?¿Cuántos de los que ahora leen este artículo “se atreverían” a salir de casa sin su móvil?… La dependencia tecnológica constituye,  en mi opinión, un rasgo predominante en nuestra conducta cotidiana.

¿Se han parado alguna vez a observar qué hace la gente que pasea por las aceras de su barrio? Personas que hacen ejercicio (con su chándal reglamentario) con la vista clavada en la pantalla de su móvil a riesgo de chocarse con una farola (¡eso sí que es un deporte de riesgo!), compañeros de instituto que esperan la llegada del autobús sin dirigirse la palabra porque están pulsando las teclas de sus respectivos móviles, un guardia de seguridad uniformado corre presuroso hacia su coche mientras sonríe tras leer su último SMS…Cuando yo hice este experimento puedo decir que el 90% de las personas que por allí paseaban a las 7 pm, tenían sus ojos puestos en la pantalla de sus smartphones ¿Les habría parecido normal esta escena hace tan sólo 3 años?

¿Y qué me dicen del Whatsapp? ¿Cuántos grupos de amigos tienen formados a través de esta aplicación? ¿Por qué nos hace tanta ilusión comprobar que aparece el doble chequeo verde cuando el receptor ha leído nuestro mensaje? ¿Por qué es tan divertido escribirse mensajes con las amigas como si de un “grupo de girls-scout” recién estrenado se tratase? ¿puede tener un origen emocional nostálgico que nos transporta a nuestros días de colegio, cuando nos escribíamos notas con nuestras mejores amigas? La proliferación de la mensajería instantánea define, sin lugar a dudas otro rasgo característico de la conducta “moderna”: la impaciencia (o necesidad de inmediatez).

…y hablando de amigos. Qué curiosa relación la que nace de las redes sociales. Desde la aparición de aplicaciones como Facebook, hemos aprendido a clasificar (mentalmente) a nuestros amigos de acuerdo a su comportamiento en las Redes Sociales, una información muy personal a la que jamás hubiéramos accedido en el pasado: su grado de discreción, su compromiso social, pensamientos, interpretaciones de la realidad… La falsa sensación de anonimato, constituye otro rasgo de nuestro comportamiento.

Por otra parte, la necesidad de estar informados cobra un nuevo cariz y se convierte en una verdadera obsesión en la mente de los amantes de la tecnología. Tener al alcance de la mano tan diversas fuentes de información en tan distintos formatos, hace que siempre encuentres alguna que se adapte a tus intereses. Veamos algunos ejemplos. Twitter: te acerca a las noticias y a las personas que admiras en breves bits de información, los Podcasts te permiten escuchar temas de interés mientras realizas otras actividades paralelas (practicar ejercicio, tareas de limpieza doméstica, viajar en transporte público…), los kioskos virtuales ponen al alcance de un solo click prensa de diversa índole (ya no necesitas sentarte en la consulta del dentista ni en la peluquería para ponerte al día), Pinterest con su tablón de anuncios virtual, hace posible compartir intereses e imágenes, normalmente  durante un espacio de tiempo muy breve (¿cuántos de ustedes bucean en Pinterest en busca de bellas imágenes en cuanto salen los anuncios en la tele?), Run-Keeper te acerca al rendimiento de tus amigos y te permite conocer el estado físico de tu mayores rivales deportivos. La obsesión por la información, de nuevo va a definir nuestro comportamiento, y va a potenciar en muchos de nosotros dos rasgos de la conducta: la multi-tarea (en inglés “multi-tasking”), y la competitividad (¡queremos saber más que el otro y primero que él!).

El excesivo tiempo empleado en el uso de las tecnologías, han hecho que surjan aplicaciones que tratan de devolvernos a nuestra conducta pre-tecnológica. Es el caso de una conocida compañía de móviles, que ha ideado una aplicación gratuita para el móvil llamada “I Off You”. Consiste, ni más ni menos, en regalarle a otra persona tiempo de calidad para estar contigo, es decir, ¡prometes no usar tu móvil en dicho lapso de tiempo! (En tu móvil aparecerá una enorme equis y sonará una alarma altísima si tratas de “romper tu palabra”).

…En este contexto de sobredosis de información y de dependencia a los dispositivos móviles, va a ser primordial para las empresas asegurar su posición en la mente del consumidor. ¿Cómo? Sabiendo detectar cuál de los canales de comunicación actuales es el favorito de sus clientes, y eliminar aquellos que no usa o que percibe como intrusivos. ¿Prefiere recibir nuestra información a través de su cuenta de Twitter, o por el contrario prefiere recibir un email tradicional a su buzón de correo? ¿Tiene un perfil en LinkedIn o prefiere recibir notificaciones en Facebook? ¿Tiene el cliente costumbre de navegar por Internet, o se siente más cómodo con un simple SMS? ¿Pueden las empresas fidelizar a sus clientes facilitando una cuenta de Whatsapp a la que acudir para recibir un trato más personalizado?

Por último, quisiera resaltar que el hecho de contar con una solución informática de gestión de relaciones con clientes (un CRM) va a facilitar que las empresas puedan reunir todas estas preferencias y demás información relevante relativa a cada cliente de una manera integrada. Esto significa que, detalles como: productos adquiridos en el pasado, artículos en los que ha mostrado especial interés, preferencias de comunicación, suscripciones, requerimientos técnicos enviados para la elaboración del presupuesto… podrán ser consultados al instante, lo que contribuirá a que el cliente (o potencial cliente) sienta que hemos comprendido cuáles son sus necesidades.

Que la tecnología siga estando al servicio de la comunicación entre el cliente y la empresa ha de ser nuestra prioridad.

Y en ese sentido, por nuestra parte, ¡ya nos hemos puesto a ello!

 

LA RESILIENCIA: FORTALEZA CLAVE EN TODA EMPRESA

Elena Wagner - Atención al Cliente

Elena Wagner / Marketing & Atención al Cliente

Son muchos los términos negativos alusivos a la economía nacional (e internacional) que podemos escuchar a diario en los medios de comunicación: prima de riesgo en niveles de rescate, contracción de la economía mundial, falta de acuerdo frente al precipicio fiscal americano, cifras de paro récord, veto a las operaciones a corto para evitar la especulación, rescate virtual a la banca española… Todas estas noticias no son más que un indicador de que vivimos una realidad económica y social de máxima dificultad, donde la supervivencia de cualquier negocio ya no se puede dar por sentada, aun teniendo éste varias décadas de permanencia en el mercado.

En este contexto pesimista, constituye un imperativo para las empresas contar con una fortaleza fundamental: la Resiliencia. Más empleada en la Psicología, la resiliencia (en inglés:“resilience”) “es la capacidad que tiene una persona, o grupo de personas, para sobreponerse a una situación difícil, no sólo con éxito, sino siendo además capaz de hacerse más fuerte a lo largo de dicho proceso”. Si bien esta palabra no está reconocida por la RAE (Real Academia Española), la resiliencia constituye una palabra muy adecuada para definir una fortaleza que en el ámbito empresarial va a ser clave para la supervivencia de cualquier empresa.

¿Qué hace que una empresa tenga resiliencia? Dicha fortaleza va a venir dada por un paquete de estrategias, todas ellas orientadas a “torear satisfactoriamente” obstáculos tan diversos como: la falta de liquidez, descenso en la demanda, relación cambiante entre empresa-cliente a raíz de la aparición de las redes sociales, desmotivación del personal por la ausencia de una seguridad laboral a largo o incluso a corto plazo…

¿En qué va a consistir este paquete de estrategias? Desde mi humilde opinión, y basado en mi propia experiencia de todos los años que llevo en el mundo de las ventas, quisiera proponer una serie de sugerencias:

Innovar

Saber cambiar el rumbo del barco a tiempo cuando se acerca una tempestad, va a ser una decisión difícil de tomar, incluso para el más experimentado de los capitanes. Un ejemplo claro de ello son, por ejemplo, las agencias de viajes tradicionales. El mundo de la venta on-line no para de crecer y el consumidor no está dispuesto a pagar los mismos precios de antes, cuando sabe comprar los billetes por internet él mismo, y a un precio mucho menor. Sólo aquellas agencias de viajes que han sabido especializarse en un nicho determinado (viajes de aventuras, viajes para grupos, viajes para solteros…), han sabido encontrar su hueco, mientras las demás agencias tradicionales han tenido que cerrar. En este sentido, me llamó poderosamente la atención un negocio que vi hace unos días. Si bien antes era una Peluquería de Animales, ahora su rótulo añadía al final…” y Alta Repostería para Perros y Gatos”. ¿Curioso, verdad? No sé si eso es ser resiliente o imprudente, pero verdaderamente a veces “el que no arriesga, no gana”.

Invertir en Tecnología

¿Cuántas personas siguen aferrándose a esa creencia de que si siempre lo ha hecho así y les funciona, para qué cambiar? ¿Cuántos de nosotros, incluso los que decimos que nos encanta la tecnología, decidimos seguir trabajando con Windows 7 y no con Windows 8, por tener un “look and feel” muy diferente (al estar pensado para usar con una pantalla táctil). Ya lo comentó mi compañero C. Canal en su artículo “Implantación CRM: Superar la resistencia al cambio del equipo de Ventas”, el ser humano es reacio al cambio por naturaleza. Animo a las empresas a romper con ese instinto natural, y a recurrir a las soluciones CRM (Customer Relationship Management) que van a aportar importantes beneficios a la empresa: automatización de procesos (con el consiguiente ahorro de tiempo, esfuerzo y costes), accesibilidad a toda la información del cliente de manera integrada (haciendo posible el trato personalizado del cliente), e integración de las Redes Sociales (escuchar al consumidor de manera activa, y saber responder con celeridad a sus inquietudes, nos va a dotar de una ventaja cualitativa respecto a nuestros competidores). Si bien la tónica general de las empresas es ahora disponer de un presupuesto muy ajustado, supondría un error fatal quedarse atrás respecto a la competencia, perdiendo cuota de mercado. ¿Acaso eso no le saldría mucho más caro a la empresa que invertir en tecnología?

Formar al trabajador

La gente contenta rinde más. Constituye un gran estímulo para cualquier persona, que se le tenga en cuenta y se le dote de formación permanente. De esta manera, el trabajador tendrá la sensación de que forma parte de un proyecto de futuro, y sin duda redundará en una mayor lealtad hacia la organización. Aprovechar las ofertas de cursos gratuitos facilitados por las oficinas del INEM, o incluso imprimir un manual del funcionamiento de una herramienta de uso diario (para sacarle mayor partido), pudieran ser opciones perfectamente válidas para saciar el hambre de formación y reciclaje de cualquier profesional sin coste significativo. Además, es imprescindible orientar la formación a los conocimientos que serán aprovechables a efectos prácticos para el puesto que la persona va a desempeñar (o desempeña ya en la actualidad).

Recortar gastos

Los trabajadores a menudo pudieran pensar que ellos no son responsables de los gastos generados por la empresa. A veces son pequeños gestos los que pueden marcar la diferencia, y en mi opinión, parten en origen de la pertenencia a un grupo y de la sensación de unidad frente a la adversidad. ¿Por qué no elaborar un pequeño decálogo de “buenas prácticas” en cada empresa? (¡Confieso que siempre me apasionaron las listas de “buenos propósitos”!) La lista podría comenzar así:

  • El último que salga de la oficina, que apague la luz y el aire acondicionado (o la calefacción, si es en invierno).
  • Imprimir siempre usando ambas caras del folio (salvo que se trate de un documento para el cliente).
  • Reducir al máximo el tiempo empleado en las llamadas telefónicas (ir al grano y ser conciso en lugar de divagar o de comentar el partido del Domingo va a redundar en la eficiencia).
  • Limitar el número de reuniones internas y fijar una duración máxima de las mismas. Terminar cada una de dichas reuniones con una lista de tareas para cada uno de los asistentes (para garantizar que ha servido para algo).
  • Con el fin de aumentar la eficiencia y rentabilizar el “know-how” de la empresa, conviene automatizar al máximo la formación que va a necesitar cualquier nuevo profesional que pasa a formar parte de la organización. Debiera existir un “Manual de Formación” (a modo de “Protocolo de Actuación” de todo hospital para atender a cualquier enfermo que acude al centro) para cada uno de los puestos de trabajo a cubrir. Como dicho manual lleva su tiempo, sería deseable que la próxima vez que se forme a alguien que comienza en la empresa, se transcriba a un documento todos los conocimientos que deba adquirir (tanto a través de vídeos explicativos, como a través de documentación accesible en la Intranet de la organización).
  • Limitar el uso de la mensajería instantánea a temas laborales: Recientemente me sorprendí al ver en un restaurante un cartel de “prohibido el uso del Whatsapp”. ¿Por qué no podemos usar el Whatsapp mientras esperamos la comida? Pensé yo. Al preguntar al dueño me aclaró que la prohibición era para ¡sus empleados! Quizás una medida algo exagerada, pero no deja de hacernos reflexionar acerca del tiempo diario empleado en el uso de este tipo de comunicaciones.

Así pues, muchas son las formas en que una compañía puede mejorar para ser más viable. Quisiera resaltar que no es una tarea exclusiva de la Dirección proponer estrategias para mejorar la rentabilidad de una organización; la responsabilidad recae en todos y cada uno de los empleados. Sólo cuando dicho mensaje trascienda y todos colaboren activamente para garantizar unas altas cifras de ventas de la compañía, podrá una empresa presumir de tener una gran fortaleza: LA RESILIENCIA.

Hablando de CRM: telemarketing y la relación con las personas

Elena Wagner / Marketing & Atención al Cliente

Elena Wagner / Marketing & Atención al Cliente

Aprender a relacionarse correctamente con otras personas en diversos ámbitos, es en mi opinión la mejor escuela para desarrollar, o al menos entrenar, las aptitudes necesarias para trabajar en cualquier empresa, de cualquier sector y contribuir de forma notable a la satisfacción del cliente.

Estar receptivo a las necesidades de nuestros interlocutores, ser sensibles a su estado de ánimo, tener el don de la oportunidad, tener cierto grado de empatía… son requisitos imprescindibles cuando nos ponemos en contacto con un cliente.

Algunas de las cosas que he aprendido en mi experiencia con el cliente, pudieran parecer muy obvias, pero creo que no siempre se tienen en cuenta. Me centraré en el trabajo como teleoperadora que desempeño en Grupo Lanka.

A priori, dicho trabajo bien pudiera parecer aburrido para cualquier persona que no lo haya vivido en primera persona, ¡nada más lejos de la realidad!
Llamar por teléfono a los potenciales clientes es algo así como “tocar a su puerta” e invitarles a compartir un ratito de su tiempo con nosotros. Es una gran responsabilidad. Se necesita destreza, práctica y paciencia para sincronizar la tecnología CRM y la conversación, que den como resultado un acercamiento de calidad con nuestro interlocutor.

Tenemos la obligación de hacer ese momento lo más agradable posible, sin olvidar, por supuesto, la razón comercial de nuestra llamada.

Una regla de oro es aprender de tu propia experiencia diaria: por ejemplo informarte en profundidad de la respuesta a una pregunta a la que no has sabido responder y prepararte para responderla lo mejor posible en la siguiente llamada (indispensable: escribir la respuesta perfecta en tus apuntes personales).

Otra regla fundamental, la más importante de todas, es averiguar lo antes posible, qué es lo que el cliente necesita: de qué pie cojea, dónde le aprieta el zapato, cuál es el talón de Aquiles de su empresa, por qué le vas a solucionar la vida con tu solución informática…

Es curioso observar cómo en algunos días puntuales de la semana, las personas a las que llamo son especialmente alegres y receptivos (los jueves suelen ser días “optimistas”) y otros, sin embargo, la gente derrocha pesimismo y desánimo (a menudo coincidiendo con una mala noticia económica en los medios de comunicación el día anterior).

Este tipo de detalles me sugieren que es recomendable que un teleoperador, no sólo sepa del producto o servicio que esté ofreciendo, sino que además esté informado de la actualidad (política, social, económica…), pues en cierto modo le posicionará en el mismo “contexto mental” que su interlocutor. Y es que, no es lo mismo llamar a un cliente el mismo día del anuncio de la quiebra de Grecia, que en los días siguientes a la victoria de España en el Mundial de Sudáfrica.

Para no extenderme en exceso, resumo a continuación una serie de puntos que son importantes a la hora de relacionarse con el cliente y dejar una visión positiva de la empresa a la que representamos:

  • Escuchar: lo primero es escuchar, después hablar (¿cómo sentimos a la persona? ¿se nota que ha tenido un mal día? ¿tiene el trabajo atrasado? ¿se muestra receptivo a nuestra llamada?).
  • Adecuarnos a nuestro interlocutor: no podemos usar el mismo tono de voz con una persona estresada, que con otra que se muestra relajada, o no estaremos “en sintonía” con su estado de ánimo.
  • Callar a tiempo: si percibimos que no hemos llamado en un buen momento, terminar la conversación es la única opción posible.
  • Respeto y prudencia: llamar al cliente por su nombre de pila, especialmente si lo hacemos varias veces en la misma conversación, irrita al cliente. Un tono de voz acorde y adecuado a la relación que tenemos con él es indispensable.
  • Confianza: es un elemento bidireccional, cuya pauta viene dada por la persona a la que llamamos. Usar un tono de voz excesivamente amistoso nos hace perder credibilidad y sobre todo nos cierra la puerta.

Son las palabras y el aprendizaje de alguien que vive su trabajo con pasión.

¡Hasta la vista!